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APIPCV y la Asociación de mujeres Amelia Jover

Celebrada el 27 de septiembre una charla organizada por la Asociación de Mujeres Amelia Jover de Cullera, fue invitada nuestra Presidenta Teresa Salort acompañada por nuestros socios; para compartir el día a día de una mujer con discapacidad. Nuestro inmenso agradecimiento por la invitación.

En su turno, Teresa explicó cómo durante su vida ha convivido con la discriminación. Ésta es su visión:

La labor de una mujer con diversidad funcional, depende del grado de afectación de esta.

Entiendo que lo que interesa es saber el día a día de una mujer con diversidad funcional, pero que dispone de una autonomía en su vida cotidiana.

Entiendo que debo centrarme en el día a día de mujeres que, a pesar de tener una merma funcional, puedan realizar quehaceres cotidianos.

En el caso de las mujeres que en su día contrajimos el virus de la polio, depende de como fueron criadas en el ambiente familiar.
Recuerdo que mi madre contaba que en una clase a los estudiantes de medicina del Hospital Clínico de Valencia, en el que me cogieron como caso a explicar a los alumnos, al finalizar la clase, el catedrático le dijo a mi madre:
“Señora. Su hija quedará con graves secuelas. Pero será en un futuro lo que usted y su marido, quieran que sea. Mi consejo es que la trate como a cualquier otro hijo. Es decir, si hace algo mal y se merece un bofetón (Hay que ponerse en la mentalidad de la época), déselo para corregirla. De lo contrario, será una inutil toda su vida.”

Y era una verdad como un templo.
Me he movido en el mundo de la discapacidad gran parte de mi vida. Y en ella he podido observar que aquellas mujeres que han tenido una sobreprotección familiar, a día de hoy siguen dejándose querer. Es decir: “Yo no puedo hacer eso. Yo no puedo hacer lo otro.” Y es porque a lo largo de su vida, ni siquiera lo han intentado.

Mi lema siempre ha sido “PODER ES QUERER”.

Evidentemente, no podemos hacer las cosas de la misma manera ni con la celeridad que una mujer sin diversidad funcional. Pero como poder, podemos hacer las mismas cosas, incluso más que mujeres con las piernas sanas.

Me voy a centrar en mujeres con polio y mujeres con lesión medular. Que son las que pueden llevar un quehacer cotidiano con cierta normalidad, siempre adaptado a su discapacidad.

Las mujeres con polio, han sido unas jabatas. Somos el primer colectivo que se dio a conocer dentro del mundo de la discapacidad, reivindicando la inserción en el mundo laboral,deportivo, social, etc.

Muchas mujeres con polio se casaron y han tenido hijos. Como ocurre con mujeres sin discapacidad, unas los criaron con ayuda de los padres y otras solas.

Hay que pensar que, en nuestra generación, todavía seguimos arrastrando una mentalidad en la que, la mujer es la que tiene que encargarse de la casa, de los hijos, del cuidado de los padres, etc.

Y así ha sido en la mayoría de los casos que conozco.
La mujer con polio se encargaba de los quehaceres de la casa, criaba a sus hijos, en muchos casos trabajaba fuera de casa. Y como no quería que por el hecho de cojear, ir con muletas o en silla de ruedas, fuera considerada como mujer poco valida dentro su circulo social, se esforzaba por hacer todo igual que una mujer “normal” (como se decía antes).

Se daban muchos casos que, cuando los padres de un hombre se enteraban que salia con una mujer con discapacidad, trataban por todos los medios que no se casara con esa mujer porque no iba a poder encargarse de sus “obligaciones”.
En algunos casos que conozco, los padres se negaron a asistir a esa boda ante la rebelación de los consejos de sus padres.
Sin embargo, si era al contrario, los impedimentos no eran tan acuciantes.

Estos hechos se daban quizás más en los pueblos. En los que si algún chico salía con alguna chica “coja”, era motivo de cuchicheos, dimes y diretes.
Por todo ello, la mujer, una vez casada, tenía que demostrar con creces que, era capaz de trabajar. Al llegar del trabajo, encargarse de las labores de la casa. Encargarse de sus hijos. Realizar la compra, etc… para demostrar a toda esa gente chismosa que era capaz de realizar todas “sus obligaciones” igual que las demás.

Nuestros padres, por ley de vida, se han hecho mayores y han enfermado con diferentes patologías. Unos con ictus, con demencias, etc. Y en el caso de la mujer con discapacidad, hemos adoptado el rol con el que nos hemos criado y que hemos visto en nuestros padres. Es la mujer quien acompaña a los padres al médico, quien los cuida, dentro de sus posibilidades. Y volvemos de nuevo a ver que este rol de la mujer con discapacidad, se da más en los pueblos que en las capitales. Donde, no se porque razón, están más mentalizados a la hora irse a una residencia. En los pueblos, sobre todo en los pequeños, llevar a los padres a una residencia, es como renegar de ellos. Como abandonarlos. Y se siguen cuidando en casa.

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