Una reflexión sobre el Día Internacional de la Discapacidad

Por Teresa Salort Esteve

Hoy, 3 de diciembre, es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Me gustaría escribir sobre cómo se ha avanzado para que las personas con movilidad reducida tengamos una vida diaria más digna gracias a los avances conseguidos: de accesibilidad, de atención sanitaria, del mundo laboral y un largo etcétera; pero lamentablemente no es así.

Seguimos sin poder ir a cualquier restaurante para comer o cenar con amigos o compañeros de trabajo. Hay que preguntar antes si el lugar elegido para este evento está adaptado. Cuando finalmente encontramos un lugar al que se pueda acceder con silla de ruedas, resulta que el baño no está adaptado o, si lo está, éste es como un almacén, donde guardan diferentes enseres, lo cual dificulta nuestra movilidad dentro de éste; o sin las barras de apoyo correspondientes o
éstas apenas están sujetas a la pared.

Lo mismo ocurre cuando planeas un viaje, con los hoteles. Hay que hacer un estudio minucioso antes de pedir la reserva. Y, aún así, a veces nos encontramos con alguna sorpresa.

En cuanto a la atención sanitaria, nos encontramos con que muchas consultas no están adaptadas para las personas con movilidad reducida. También falta formación al personal que nos tiene que coger para pasarnos a una camilla o mesa para hacernos una radiografía. Con tal de no utilizar una grúa, muchas veces nos lastiman.

Por no hablar de las consultas de ginecología. En la mayoría de hospitales, las camillas para reconocer a una mujer no bajan hasta una altura en que la propia paciente pueda hacer una transferencia segura. Igual ocurre con las máquinas para hacernos una mamografía. La mayoría no bajan hasta la altura necesaria para poderla hacer. Y te preguntan: «¿pero no puedes ponerte de pie ni siquiera un momentito?» Y tú te quedas con un sentimiento de rabia, impotencia y humillación al contestar que no te es posible, a lo que te dicen que, sintiéndolo mucho, no te la pueden hacer.

¿Qué pasa con la medicina preventiva para las personas con movilidad reducida? ¿No tenemos derecho a ella? ¿Somo ciudadanos de segunda o tercera?

Son muchas las mujeres que no acuden a las revisiones periódicas correspondientes, por no ser accesibles. Ni por lo público ni por lo privado.

Que necesitas ir al dentista, más de lo mismo. Tienes que coger las páginas amarillas y hacerte un listado de teléfonos donde es difícil encontrar una consulta a la que poder acceder con silla de ruedas. Incluso algunas te dicen que sí es accesible, porque no hay escalón de acceso al patio pero, una vez en la consulta, resulta que la silla no pasa por la anchura de las puertas.

Lo mismo pasa en peluquerías, salones de belleza, tiendas de ropa, panaderías, carnicerías, pescaderias

Lo de los cines ya es de juzgado de guardia. Te ponen en primera fila. Por lo que tienes que ver la película con la cabeza totalmente levantada, por lo que acabas con un mareo por la posición del cuello y por la cercanía de las imágenes, que prefieres quedarte en casa y pasar de ir al cine.

Pasamos al terreno laboral. Como no te prepares unas oposiciones para trabajar en la Administración Pública, donde sí hay un cupo reservado para personas con discapacidad, lo tenemos realmente difícil. La empresa privada si tiene la posibilidad de escoger entre los aspirantes sin discapacidad o alguno con ella, suelen escoger a los de “sin”. Esa es la dura realidad. Por muy válido y muy preparado que estés.

Es muy diferente la vida de una persona con discapacidad que viva en una gran ciudad a los que vivimos en pueblos de provincia. En estos últimos, las limitaciones se acrecientan. Faltan rebajes en las aceras, el acceso a la mayoría de las tiendas (de lo que sea) es casi nulo. Incluso en servicios públicos.

En mi pueblo, Oliva, para ir al juzgado no hay rebaje para subir a la acera y menos para acceder dentro del edificio. Éste es muy antiguo. Y te tienen que atender en plena calle.

Hace poco vendimos la casa de mis padres y a la hora de ir al notario, éste tuvo que bajar a que firmara en plena calle por el mismo motivo. Eso sin contar el tiempo que me tocó esperar en la calle, para que compradores y mi hermano hicieran las oportunas gestiones de lectura de la escritura del contrato compra-venta y, cuando ya terminó el notario con los que sí pudieron subir, bajó a que yo estampara mis firmas en los papeles que me iba poniendo delante.

Tampoco disponemos de autobús con rampa para poder ir a Gandía al hospital o de compras o a pasear (¿porqué no?). En Oliva no hay nada.

Hablemos también de los vagones de tren para personas con movilidad reducida, en los que queda un hueco entre el suelo del vagón y del anden, en el que se meten las ruedas delanteras de nuestras sillas de ruedas y montas el show porque tienen que ayudarte varios usuarios que van a subir o bajar del tren.

Señores gobernantes ¡Que estamos en pleno siglo XXI! Hay una Ley de Accesibilidad Universal que sigue sin cumplirse después de un tiempo de moratoria para que se adaptaran todos los sitios y comercios de servicio público. Y siguen mirando para otro lado.

Sin embargo, nosotros, las personas con necesidades especiales, sí que cumplimos religiosamente con nuestros tributos correspondientes a cambio de no tener los servicios y nuestras necesidades especiales cubiertas. Y si las incumplimos, nos sancionan como a cualquier ciudadano. Desconozco porque desde entidades autonómicas y estatales no exigen el cumplimiento de esta Ley en beneficio de todos los colectivos.

Por eso, el día de hoy es un día triste para mí. Porque veo que tenemos muchas carencias. Muchas limitaciones en la calle. Y que nos dificultan nuestro día a día. Y que seguimos ninguneados en lo realmente importante para que tengamos una vida digna. Que la merecemos.

No veo protestas al respecto ni en prensa escrita ni en TV.

¿Dónde están los organismos o entidades que se supone que están para defender nuestros derechos? Y no me refiero a las diferentes asociaciones de patologías diversas. Éstas luchan por una mejor atención sanitaria y por lograr que se investigue acerca de su patología.

Fdo. Teresa Salort Esteve

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