Héroes de una negligencia

Qué tragedia más grande debieron pasar nuestros padres por culpa de una negligencia en toda regla.

En la década de los años 50 y principios de los 60 del siglo pasado, hubo una epidemia de poliomielitis a nivel mundial.

En 1955 Jonas Salk descubrió la vacuna contra la poliomielitis.

Todos los países empezaron campañas de vacunación masiva. En España se negaba que hubiera casos de polio. Y lo cierto era que, diariamente, morían muchos niños a consecuencia de esta epidemia. Los más afortunados hemos quedado con graves secuelas de por vida.

Cuánto tuvieron que sufrir aquellos padres viendo cómo sus hijos, de corta edad, quedaban como muñecos de trapo camino del hospital.

Muchos de ellos tenían que introducirlos dentro de un pulmón de acero para que pudieran respirar. No había suficientes aparatos de éstos en los hospitales para todos los niños que llegaban con deficiencias respiratorias por el virus. Los médicos se vieron en la difícil tesitura de decidir, en función de las posibilidades de sobrevivir, a quién metían en el pulmón y a quién dejaban morir directamente.

Pasada la fase aguda de la infección, fueron años muy duros de sesiones de rehabilitación y de intervenciones quirúrgicas.

Muchos padres tuvieron que dejar a sus hijos internados en sanatorios durante años y volver a sus casas a varios kilómetros de donde estaba el hospital. Tenían más hijos a quienes atender.

Hay que pensar que, en aquella época, los que no eran de la capital, e incluso de otras provincias, venían a Valencia por estar cerca del mar y vivían de la agricultura y de la ganadería. La productividad de ambos sectores dependía de la climatología. Los que trabajaban en el campo, si pillaban un año lluvioso, no podían salir al campo a trabajar y por tanto no ganaban el jornal. Y eran muy escasas las épocas en las que se podía ahorrar un poco de dinero. En esa época los inviernos eran muy lluviosos.

No había ni medios económicos ni de transporte para poder visitar a esos hijos que dejaron internos en el hospital.

Algunos de esos hijos hicieron la primera comunión en el propio hospital sin estar sus padres presentes.

Los pacientes sufríamos el dolor físico durante las primeras prácticas rehabilitadoras o en las intervenciones quirúrgicas. Pero creo que el dolor emocional de nuestros padres fue peor. Porque lo llevaron consigo hasta el final de sus días.

Es por ello que son nuestros grandes HÉROES.

Foto de Juliane Liebermann en Unsplash

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