José Gimeno Añó

Nací el 25 de septiembre de 1953 en mi pueblo natal de Guadassuar (Valencia). A los once meses de mi nacimiento fui afectado por el virus de la Polio de forma total. Mi cuerpo no se movía todo mi sistema muscular estaba paralizado. Mi interior sí que tenía vida, los pulmones, el corazón, el hígado, etc. todo el resto de mis vísceras funcionaban. En ese momento no se podía saber si mi cerebro estaba dañado. Mi cuerpo se alimentaba con cuatro inyecciones al día (hoy hubiera sido con uno o varios goteros).

Al año y medio, o sea, a los cerca de dos años y medio de edad mi sistema nervioso empezó a detectar los pinchazos con los que me alimentaban. Progresivamente el resto de los músculos iban recobrando vida y yo sensibilidad. Entre los cuatro y cinco años de edad comencé a enseñarme a andar. Me costó mucho dada la debilidad de mis piernas. Mientras tanto, mi madre a veces con mi padre, me llevaba todas las semanas al pediatra a Valencia. El cual estaba maravillado por los avances de recuperación que estaba obteniendo, dado que había pasado de un estado de movilidad CERO a un estado de «arranque». Llegados los siete/ocho años, mi recuperación había sido muy buena, solamente se me quedaban afectadas las piernas. Además del pediatra, me pusieron en manos de traumatología.

En aquellos momentos en los que había tanto desconocimiento de esta enfermedad, el tratamiento era básicamente poner escayolas en las piernas; en este caso era de rodillas hacia bajo. Varias veces me escayolaron las piernas, siempre las dos a la vez. Al final decidieron hacer unas intervenciones quirúrgicas en mis pies. Se trataba de levantar mis pies y hacer un ángulo recto con ellos. Con el pie izquierdo se consiguió pero con el derecho no. Después de todo, los médicos llegaron a la conclusión de que se me había quedado afectado de la polio el tendón tibial anterior del pie derecho.

Fueron pasando los años y yo me movía bastante bien, practicaba deportes, lógicamente con algunas limitaciones, iba mucho en bicicleta. En mis estudios hice el bachillerato y después, en la universidad de Valencia, realicé los estudios de ciencias empresariales. He trabajado siempre en el mundo de la Entidades financieras, primero en la Caja Rural de Valencia y posteriormente en la Caja de Ahorros de Valencia en donde desarrollé el resto de mi vida laboral.

El 5 de noviembre de 1977 contraje matrimonio con la que hoy es mi esposa y tuve dos maravillosas hijas. Hoy en día tengo tres nietos.

A mis 45 años de edad comencé a notar (como he dicho anteriormente hacía mucha bicicleta) que me fallaba la pierna izquierda, vamos que, cuando se empinaba la carretera no tenía la misma potencia muscular para vencer la pendiente. Los médicos mi diagnosticaron que estaba perdiendo fuerza el cuádriceps de la pierna izquierda. Esta pérdida muscular provocaba que sufriera bastantes caídas con las consiguientes torceduras, esguinces, etc.

En 1998, como consecuencia de mis caídas, visitaba frecuentemente al traumatólogo, y fue este doctor el que me realizó una amplia exploración, tanto ósea, muscular y del sistema nervioso y me detecto que estaba sufriendo el SÍNDROME POSTPOLIO. Me aconsejó que a partir de ese momento me pusiera en manos de un especialista en neurología y me dirigió al Hospital «LA FE» de Valencia. Tuve la suerte de ponerme en buenas manos, pero la enfermedad iba avanzando y menoscabando mi salud e iba teniendo problemas en mi deambulación. En una palabra, mi situación era «degenerativa».

En el año 2003, tenía entonces 49 años, se me dio la baja laboral, dado que mis caídas eran cada vez más frecuentes. Un año más tarde pasé el tribunal médico y me dieron la «invalidez absoluta y permanente».

Ante esta situación mi vida cambió radicalmente. De ir a trabajar me dediqué a estudiar, en este caso música. Desde pequeño comencé a estudiar música y estudié el clarinete. A los diez años ingresé en la Banda de música de Guadassuar. A la que aún pertenezco pero ya con poca actividad. Yo no podía estar parado por lo que cuando me dieron la baja laboral, me preparé para ingresar en el conservatorio de música de Torrente, haciendo un examen de acceso para estudiar el grado medio o profesional que eran seis años. Terminé mis estudios en el año 2008. Fueron unos años maravillosos de mi vida, poder estudiar aquello que siempre me había gustado. Había conseguido lo que quería.

José Gimeno

Inmediatamente, en el año 2009, vino a este mundo mi primer nieto, al que a partir de ese momento le dedique mi vida y posteriormente a los otros dos.
En estos momentos mis dificultades en la deambulación son grandes. Puedo andar un poco, por dentro de casa me muevo con un bastón, pero ya con dificultades. Por la calle voy con una moto de minusválido. Esta moto me da mucha independencia ya que me permite llegar a muchos lugares. Me permite salir de viaje y poder moverme por los lugares que visito, eso sí, por terreno llano. Me permite ir a los auditorios de música, a los teatros, cines, centros comerciales, etc.
En resumen, llevo unos 25 años que el síndrome postpolio me está afectando bastante y no solo en las piernas. En estos momentos tengo afectado también los dos brazos y los músculos lumbares, con lo cual me cuesta bastante levantarme de los asientos.

Uno de los detalles que me asombraron mucho durante este período de 25 años, desde que me detectaron el síndrome postpolio, es que los médicos que visitaba por cualquier otro motivo NO CONOCÍAN MI ENFERMEDAD. Como consecuencia de ello siempre tenía el problema de la prescripción de medicamentos. Y la última «sorpresa» que tuve fue cuando me presentaron al hijo de una buena amistad y me enteré de que había terminado Neurología y en todos los años de estudio de esta carrera «NUNCA HABÍAN PRESENTADO ESTA ENFERMEDAD DEL SÍNDROME POSTPOLIO» en el programa de estudios. Desconocía su existencia. No se estudia en la Facultad de Medicina el SÍNDROME POSTPOLIO.

Foto de portada de Iain Cridland en Unsplash

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