Mi polio

Un testimonio de Alejandro Valderrama.

No tengo recuerdos nítidos de mi niñez sin polio, solo algunos vagos, en especial de la navidad en familia; sin embargo mi memoria es certera, a partir del hecho de estar resfriado y no poder apoyar el pie derecho para caminar, era como tener gelatina desecha en lugar de huesos, musculo, tendones, etc, y asi comenzó el viaje de mi vida con Mi Polio, porque a partir de la junta de médicos que recuerdo nítidamente, en la que fui diagnosticado, lo recuerdo casi todo, lo bueno, lo malo y lo feo.

La dedicación de mis padres durante mi niñez, como en la mayoría de afectados, fue total, cada uno desde su perspectiva y personalidad, fue mi madre quien cogió el toro por los cuernos y mi padre el capote por si hacía falta; recuerdo una niñez de estudio, juegos, viajes y normalidad, todo ello aderezado con botas ortopédicas, cuñas para estirar el tendón de Aquiles, operaciones, escayolas, recuperaciones, corrientes y fisioterapia todos los días, Clara fue mi Fisio desde los 3 hasta los 12 años y se enfadó mucho cuando le dije que me comprometía a hacer yo mismo la fisioterapia; los fines de semana y cuando no podía ir al gabinete, la Fisio era mi madre. Lo mejor de la sesiones de fisioterapia era la merienda al terminarlas, solo existía el yogurt blanco y cada día caía uno y alfo más en la cafetería de enfrente del gabinete.

Al terminar los estudios básicos cambie de colegio, una experiencia maravillosa todo el tiempo que duro, nunca fui un bicho raro con una atrofia muscular severa, de hecho siempre que se necesitaba un pirata para algún evento, ese fui yo, la vida seguía con Mi Polio como parte de ella, como tener canas desde los 12 años, o los ojos de color marrón. Con la vigilancia de mi madre y de Clara, sustituí la fisioterapia con entrenamiento deportivo suave con algunos de mis compañeros, me enamore, me correspondieron o no, comencé un voluntariado activo y de aquel grupo de compañeros de hace ya bastante años, aún hoy conservamos una amistad con 3 o 4 de ellos, cuando podemos nos reunimos para recordar viejos tiempos y contemplar el paso de la vida en nosotros.

Pero todo lo bueno no es eterno, terminado el bachillerato comencé la facultad, otro cambio radical que coincidió con el fallecimiento de mi padre durante el primer curso, un golpe duro, aderezado con el hecho de que al ser el hijo mayor, herede la responsabilidad de jefe de familia, pero ahí estaba mi madre incombustible, y seguimos viviendo.

Cuando decidí cambiar de aires, Mi Polio tampoco fue obstáculo, pues como ya dije, siempre ha sido parte integral de mi vida, además con 25 años me diagnostican Diabetes, otro golpe fuerte que destruyo de un plumazo todos mis proyectos de vida, pero la vida seguía y había que seguir con ella, en este punto, mi experiencia de vida con Mi Polio, me ayudo a aceptar ni nueva situación, adaptarme a la nueva situación, cambiar de enfoque, pero sin cambiar el objetivo final que no era otro que cambiar de aires.

Alejandro Valderrama

Fue una época en la que Mi Polio sirvió de experiencia, para asumir y vivir con la segunda lotería que me ha tocado; hoy creo que puesta Mi Polio en una balanza, estaría casi equilibrada, en algunos momentos negativa, pero en otros, en la mayoría positiva como experiencia vital, sin dejar de ser conciente de las afectaciones y secuelas producidas.

Llegados a este punto, debo reconocer que las secuelas de Mi Polio, son mínimas respecto de otras personas, vaya para ellas mi respeto, reconocimiento y admiración, espero que puedan comprender que en mi caso, mi familia, mis compañeros de estudios, mi esposa y mis hijos, desde la normalidad de vida y aceptando mis limitaciones, cada vez más presentes, han normalizado Mi Polio sin hacerme sentir especial por llevarla conmigo, como las canas desde los 12 años o los ojos de color marrón.

JAVV 31/10/22

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